Fué una grata velada, de lo más romántica. Sonrisas agradables, simpáticas anécdotas, sinceras confesiones, y secretos compartidos, en un entorno de entrañable bienestar.
Tras la cena, un delicioso paseo, despreocupados de lo cotidiano, sin tener en cuenta las horas, desconectados del paso del tiempo.
La noche era fría, y juntos caminaron hasta la entrada de un pequeño portal.
Una mirada compartida de profundo deseo, un guiño de complicidad, y una mano, temblorosa, que tiró con suma delicadeza de su brazo, para que entrase en aquel modesto piso, decorado con sencillez y cuidada decoración, de aire muy acogedor.
Cruzadas sus miradas, y en silencio, gritaban apasionadamente el callado deseo de compartir sus latidos de amor, las palpitaciones de sus almas.
Un dulce beso se posaba en la mejilla, rozando la comisura de los labios.
Y unas tiernas caricias bajo la nuca, donde las yemas de los dedos se deslizaban por el cuello, y bajaban hasta los hombros, retirando suavemente las asillas del vestido.
Los carnosos labios, encontrados, se besaban apasionadamente, saboreando la dulce humedad del tacto de su piel.
Sus lenguas, en un tímido balanceo, se rozaban y anudaban sin descanso, en un juego cargado de intensas sensaciones placenteras.
Tanto deseo, despertó esa hermosa comunicación sin palabras, entre dos cuerpos diferentes, navegando ambos entre las cálidas curvas de la piel de su pareja, investigando entre los más atractivos y escondidos rincones, descubriendo los más sorprendentes secretos, saboreando los más guardados tesoros, viviendo la más apasionante experiencia....
......... de esa primera vez que se amaban.
Y lo más hermoso, encontrar a su lado, con los primeros rayos del sol, nada más abrir los ojos, al despertar, la belleza de su rostro, su tierna mirada, y su linda sonrisa.
La foto fué tomada de la red y tratada con Photoshop.