Cientos de árboles,
enfilados,
aguardaban,
el instante preciso,
para mojarse,
para mezclarse,
para fundirse,
en ese etéreo,
mar de nubes.
Mar de nubes,
que flotaba,
en el aire,
a gran altura,
que bañaba,
con sus frágiles lenguas,
vaporosas,
aquellas pacientes hileras,
de pinos.
Al otro lado,
descansaban,
las vecinas tierras,
que dormían,
en bellos sueños,
los susurros,
de la noche,
bajo las estrellas.
Una imagen,
para sentir,
la grandiosidad,
de la Naturaleza.
Gonzalo Bautista, Junio de 2010.





