Nadie sabe,
cuántos años,
hace,
que empezó a moler.
Año tras año,
lustros,
décadas,
tal vez siglos,
de moler,
y moler,
y moler,
el grano.
Impulsado,
por los vientos,
que jugaban,
con sus aspas,
haciéndolas girar,
y girar,
y girar,
casi sin descanso.
Ahora,
con sus mejores galas,
reposa,
adornando las llanuras,
y los valles,
con sutil elegancia,
disfrutando su retiro,
regalando,
la belleza,
de su presencia,
a los ojos,
del caminante.
Gonzalo Bautista, Mayo de 2010.

